“La Verdad”, por Gabriel Fernández

Por Gabriel Fernández (Conductor de “Terapia de Grupo” y Director de La Señal Medios)

Cristina Fernández de Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.

Cristina Fernández de Kirchner en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.

Uno de los grandes discursos. Entornado por una gigantesca movilización genuina. Una multitud sin zonzos que generó el clima adecuado para lanzarse a una profunda clase de sagacidad y entendimiento estratégico.
El trazo internacional de lo escuchado esta jornada mostró a una gran inteligencia geopolítica, asentada en una acción interna inversora, inclusiva. La presidenta jauretcheana analizó, desde el Sur, el Mundo. Y explicó cómo es realmente el panorama.

Promovió el pensar; dijo fíjense cómo se vienen dando las cartas en el nuevo equilibrio, piensen en el próximo lustro, vean las potencialidades existentes. Dio cuenta de las nuevas realidades y su desarrollo. Entreabrió las puertas de los debates en el G 20, recordó que la Argentina está muy bien situada en un período apasionante para la humanidad.

El planteo interno resultó tan abrumador que no necesitó de adjetivaciones ni autoelogios para definir la tendencia. Con la descripción exacta de lo realizado, bastó. La comprensión honda del círculo virtuoso entre inversión, protección, industria, consumo, basado en una adecuada utilización de los recursos, facilitó convicciones para apostar con más entusiasmo a una continuidad.

En esa dirección hubo varias referencias que evidencian trasfondos. El confort con el cual se vive, promedio, en la Argentina, es inusual y guarda vínculo con los subsidios estaduales. Ese segmento debería ser aprovechado por todos los habitantes de este país para, mate en mano y a solas, reflexionar sobre el sentido directo y familiar de respaldar un proyecto nacional popular.

¿En verdad quienes se oponen sin ser grandes empresarios están dispuestos a resignar todo lo que les rodea a diario? Bueno, Cristina Fernández de Kirchner puso blanco sobre negro que si se retoma el camino cavallista se terminó el aire acondicionado pero también el ventilador. Y los viajes económicos; el gas y la luz y todas las compras en cuotas.

Ahora bien, para eso, pero también para situarse internacionalmente en el plano adecuado, las grandes obras. Energía nuclear, centrales térmicas, investigación y tecnología, educación pública, YPF, satélite propio, Tronador, Aerolíneas. Fondos Jubilatorios. Y para que eso llegue: paritarias, planes, aumentos.
Todos sabíamos, propios y ajenos, que la fase menos importante del discurso sería la evidente descarga oficial sobre derechos humanos, indagatorias. Atentados Embajada y AMIA. Promoción de la Justicia en el país. Lo que dijo la presidenta se percibía en el mismo andar oficial. Pero bien, era pertinente y todos los medios hicieron portada con eso.

En el cuadro general, este decenio está en condiciones de competir con la gestión clásica de Juan Domingo Perón por el título de mejor gobierno de la historia. Hasta hace poco, ocupaba un digno segundo lugar, lo cual tras la catástrofe liberal resultaba extraordinario. Hoy, va llegando a la cúspide pese a trabas que surgen de esas mismas virtudes.

Ni siquiera es preciso estar de acuerdo con los fundamentos ideológicos de la alocución de hoy, al abrir el tramo 2015 de sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Sólo se trata de admitir que durante esta histórica jornada nuestra jefa de Estado dijo, simplemente, la Verdad. Con la V mayúscula de una Victoria que excede holgadamente a una vertiente política.

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