El Tango

El Tango

Por: Augusto Cattedra – Columnista de «Viajando con los Cinco Sentidos»

UN SENTIMIENTO PARA COMPARTIR CON EL MUNDO

Según una estimación de la Fundación Exportar de Argentina, la música rioplatense mueve en el exterior unos 3.000 millones de dólares, lo que representa un 90% de su facturación Se estima que de cada cuatro pesos que generan en Argentina las distintas actividades vinculadas al tango, tres de ellos provienen del turismo para disfrutar o aprender su danza; la mayor parte, proviene de los países Latinoamericanos, Estados Unidos, Japón y países europeos como España y Francia.

La historia de esta preferencia, puede remontarse a cuando la clase rica argentina se hizo la o¬bli¬ga¬ción de visitar o vi¬vir en París. Allí pretendían adquirir cultura, re-finamiento y distinción, y en los primeros años del siglo XX, los hijos de las familias más renombradas de Buenos Aires, comenzaron a llevar a la Ciudad Luz ese nuevo ritmo que espiaban en los prostíbulos porteños y cuyas cadencias sensuales horrorizaban por entonces a sus padres. Se supone que la pri¬me¬¬ra remesa de partituras tangueras, se hi¬zo en un viaje reali¬zado por la fra¬ga¬ta Sar¬miento alrededor del mun¬do en 1905 y co¬rres¬pondían a la música del tango “La Morocha”

“Tango que me hiciste bien….”

Así surgieron en la Ciudad Luz academias y salones de baile en los que proliferaba esa nueva danza, extendiéndose como una epidemia que sacudió los cimientos mismos de la moral decimonónica.

Precisamente los padres de esos jóvenes promotores del tango en Europa, fueron los que muy pronto devolvieron desde aquellas tierras ese ritmo que, como un signo de distinción, comenzó a ponerse de moda en los ambientes aristocráticos de Buenos Aires; y junto con las academias y locales de los bajo fondos porteños, le dieron su carta de ciudadanía al tango, ratificando aquello de que nadie es profeta en su tierra.

Algo parecido ocurrió en la República Oriental del Uruguay, que comparte con Buenos Aires la paternidad de la bien llamada música rioplatense.

En un artículo publicado en la revista Caras y Caretas del 20 de julio de 1912, se afirmaba que ya no eran sólo cereales y ganado en pie o congelado lo que exportaba nuestro país a Europa, también nos dábamos el lujo de exportar costumbres: “El tango, el baile orillero, ha tenido los honores de ponerse de moda en los salones europeos. Inglaterra y Francia le han puesto el visto bueno, y la danza popular de nuestros suburbios, aristocratizada para el caso, figura en los carnets de baile de los grandes salones de París y Londres.”

“ Dale nomás! dale que va”

Ese tango fue revalidando sus títulos a lo largo de los distintos períodos de su evolución, desde los primitivos conjuntos, pasando por el auge de los cabarets, la Guardia Vieja, el tango canción que llevó Carlos Gardel a los escenarios de Estados Unidos, América y Europa, y la década del 40 que entronizó cambios en el ritmo y puso de moda a las orquestas y cantores más reconocidos.

Ya por entonces la radio, las técnicas de grabación, y el cine sonoro, habían otorgado su pasaporte al éxito a orquestas, cantores, músicos y poetas, que hasta la década del 60, con la aparición del rock, se constituyeron en los preferidos del público del Río de la Plata. Sin embargo, ese paréntesis que se extendió casi hasta los años de la década de los 80’s, no se produjo en forma tan notoria en algunos países de Europa, Estados Unidos y Japón, que siguieron conservando su preferencia por el tango.

Para aproximarnos a una realidad actual del tango, debemos comenzar por reconocer que, más allá del profuso catálogo de la labor de orquestas, cantores, com¬po¬si¬tores, arregladores y poetas, fueron Carlos Gardel y Astor Piazzola los dos nombres reconocidos mundialmente que han logrado difundir y consolidar el tango fuera de nuestras fronteras, entre públicos que care¬cen de la idiosincrasia porteña, pero que han sido seducidos por el encanto que emana de este ritmo rioplatense.

Decía presuntuosamente un viejo maestro de baile, que el tango es el padre, la madre y el hijo de muchas danzas. Hay en él tantas armonías, tantas figuras y tanto corazón, que muchas de ellas, antiguas o modernas, parecen haberlas tomado a préstamo del tango.

En definitiva, vestido a la yanqui, a la inglesa, a la francesa; ya sea el clásico, el de salón o el de exportación, el tango siempre es el mismo, pero con diferentes apellidos.

Diálogo con Gardel – Trabajo especial de Augusto Cattedra
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