“Economía de perogrullo”, por Hugo Presman

Un diagnostico equivocado y en consecuencia una terapéutica inapropiada puede conducir a un paciente a la muerte. Con los países pueden suceder situaciones similares con la diferencia que los países por lo general no mueren, pero si pueden quedar heridos de muerte o inermes ante otros países.

El neoliberalismo considera que el déficit fiscal es el origen de todos los males. A partir de ahí deduce que para financiarlo se debe emitir o endeudarse. Omiten que se puede compensar la diferencia de ingresos y egresos con la inversión de capitales productivos. Si se emite, dicen los neoliberales, se origina inflación, pues su concepción monetarista reduce la inflación a una sola causa que es la emisión monetaria. No explican porque países con déficit y emisión monetaria no tienen inflación. Para reducir el déficit fiscal su preocupación casi excluyente es rebajar las erogaciones, despreocupándose de incrementar los ingresos. Ese es el momento de los ajustes rebajando suprimiendo o eliminando prestaciones del Estado.

El problema fundamental de la Argentina es la carencia de dólares que se traduce en la restricción externa, que anteriormente se la denominaba estrangulamiento de la balanza de pagos.

El concepto es muy simple: como el país no puede emitir dólares, los únicos realmente propios son los obtenidos a través de las exportaciones. Con ellos hay que hacer frente a las importaciones, las amortizaciones de capital e intereses de la deuda externa, las remesas de utilidades de las empresas extranjeras y las demandas de los ciudadanos y empresas para ahorro, lo que se denomina atesoramiento, y lo que se va por turismo y servicios.

En los gobiernos populares, con la mejoría de la distribución del ingreso, la ampliación del mercado interno, las demandas de insumos de la producción industrial creciente en función de una demanda ampliada, llega a un cuello de botella por los límites de la generación de divisas del sector agro-minero-exportador. Ahí la etapa capitalista expansiva se detiene y es necesario redimensionar la actividad industrial al nivel de las divisas que se detentan y se generan.

En los gobiernos neoliberales se llega a la restricción externa por caminos poco recomendables pero muy diferentes. Tomemos el gobierno de Mauricio Macri que es muy ilustrativo. Cambiemos recibió como herencia, un país poco endeudado, con alto consumo, con adquisición de derechos, con la industria trabajando en buen nivel, con una mejoría en la distribución de los ingresos, con coberturas sociales que crecieron significativamente. Tenía como aspectos negativos una sobrevaluación del peso, una distorsión de los precios relativos, un problema energético, un déficit fiscal alto, déficit de la balanza de pagos, reservas decreciendo y la deuda con los fondos buitres. Había que actuar con sagacidad y el gobierno actúo como un elefante en un bazar.

Si faltan dólares, es suicida desregular todo en materia financiera, permitiendo que las empresas y las personas no tengan ninguna limitación para las compras de dólares que solicitan en los bancos. Si a los dólares auténticos generados por la exportación, los exportadores pueden legalmente ingresarlos cuando quieran, incluso nunca, por lo que el estado decide renunciar a tener control y previsibilidad sobre el flujo de ingresos de las exportaciones, la oferta de divisas entra en la dimensión desconocida y el flujo de los ingresos de los dólares de las exportaciones es impredecible. Entonces, si se vende dólares sin ninguna restricción, si se abre unilateralmente la economía permitiendo que una parte de los dólares escasos se vayan en el ingreso de productos industriales y primarios que se fabrican o producen en el país, si los dólares se fugan, la consecuencia es dramática: salida innecesaria de los dólares escasos y destrucción de industrias locales con el incremento de la desocupación y en consecuencia caída del consumo. Si para contener la inflación se sobrevalua el peso, las consecuencias de manual es que se estimulan las importaciones y se fomenta el turismo al exterior. Si para incrementar las reservas que bajan por el déficit de balanza de pagos, se promueve la llegada de los capitales especulativos que logran mantener deprimida la cotización del dólar, se suben permanentemente las tasas interés y para esterilizar los pesos que se vuelcan al mercado por la venta de dólares por parte del especuladores, se emiten títulos como la LEBAC que los especuladores compran por sus altos rendimientos mientras el dólar se mantiene bajo y estable, entre otras cosas por el ingreso de esos mismos capitales golondrinas y por la especulación de los exportadores, la bicicleta financiera está armada y la bomba creada tiene fecha de vencimiento. En abril se inició una corrida cambiaria en la cual el gobierno actúo con una llamativa ineptitud que la vuelve harto sospechosa. Los especuladores vendieron los títulos a pesar que se les aumentaba permanentemente la tasa de interés para retenerlos y compraron dólares para emprender la fuga. Hoy se vuelve a repetir el esquema con pocas variantes: en lugar de LEBAC son Leliqs y se sabe aproximadamente el valor del dólar por el sistema de franjas implementadas. Tardía y sensatamente se establece encajes mayores cuando más corto es el plazo de las LELIQS. Una nueva soga al cuello que puede implosionar- no es indefectible- hacia marzo o abril del año próximo.

El mentor de las LEBACS, Federico Sturzenegger, ídolo de los ultraliberales adoradores de Milton Friedman, Javier Milei y Diego Giacomini, en su ingreso como académico de número de la Academia de Ciencias de Buenos Aires expresó: “Comprábamos reservas contra Lebac, y el problema era el crecimiento de las Lebac, vendíamos reservas cancelando Lebac, y los problemas eran la caída de las reservas”. Un laberinto en que se encerró quién algún día estará más cerca, tal vez, de permanecer detrás de las rejas que sentado en una Academia.

El endeudamiento fue tan vertiginoso que alertó a los especuladores, por la carencia de Argentina de disponer del flujo necesario para hacer frente al pago de las diversas deudas. El gobierno perdió una cifra sideral de reservas y aumentó las tasas de interés a niveles incompatible con cualquier actividad productiva, mientras que el peso de los intereses de las deudas contraídas se vuelve insostenible. El recurso de acudir al FMI fue la bala de plata que encadena al país a una situación de dependencia extrema y a la aplicación de políticas que sólo se instrumentan para garantizarle el pago a los acreedores, y que en esta ocasión se ha llegado a un extremo que sólo se intenta retardar el default.

El gobierno decidió violar la ley de la gravedad económica. Si cualquiera sabe sin ir a Oxford qué si se tira una silla al aire, la misma caerá al suelo, por encima de cualquier optimismo o promesa que se mantendrá sin caer, el gobierno decidió endeudarse a un ritmo frenético para hacer frente a los gastos corrientes, con la supina ilusión que una vez alcanzado el déficit cero los capitales volverían y con ello se pagaría la deuda con el Fondo. A su vez el Fondo, a cambio de brutales medidas de ajuste, prestó 15.000 millones de dólares que ya se fugaron y el resto hasta el 2019 de 37.000 millones de dólares sólo se debe utilizar para pagar a los acreedores. Reitero: El FMI y el gobierno suponen que con déficit primario cero volverá la intención de invertir en la Argentina en áreas productivas y los acreedores volverán a confiar y con los nuevos endeudamientos se pagará la deuda con el Fondo. El gobierno corporiza así todo su plan reducido a la mínima expresión: endeudamiento, ajuste, nuevamente endeudamiento, nuevamente ajuste. Lo financiero ahoga a la producción industrial y la actividad comercial de las PYMES, la caída del consumo y el aumento sideral de las tarifas produce el cierre de miles de empresas de diverso tamaño, el mercado se achica, la pérdida de poder adquisitivo de sueldos y jubilaciones restringe el consumo, y el circulo desdichado se retroalimenta. El gobierno se despreocupa de las consecuencias y el malestar social va construyendo una olla a presión cercano al estallido.

Se dan entonces una de las tantas paradojas increíbles: La estrategia de sacrificar la economía real para no caer en default parece un camino directo hacia el default. El tratamiento que se le aplica al paciente es más despiadado que la propia enfermedad.

Otra paradoja es que falsamente se ha hablado de gradualismo, afirmándose que se contrajo deuda para no hacer un ajuste brutal y ahora se hace un ajuste brutal para pagar la deuda.

Como bien sostienen Martín Burgos y Estanislao Malic: “Los costos de ese esquema es la emisión monetaria dirigida a garantizar ganancias financieras para los bancos, que representan casi 190 mil millones de pesos anuales si consideramos el stock de plazos fijos y la sobretasa obtenida por colocar los fondos de Leliq. La única forma que este esquema siga vigente es mediante la destrucción de los salarios y las ganancias empresariales de la economía real. Las tasas actuales solo conducen a una ruptura de la cadena de pagos y un Pymicidio con consecuencias sociales desastrosas ….”

En definitiva: la restricción externa es el meollo del problema que afecta en la Argentina a gobiernos populares y neoliberales por causas beneficiosas en el primer caso y por motivos suicidas el segundo. Mientras que en el primer caso demuestra los límites de un modelo productivo que hay que mejorar y potenciar, el segundo llega a la restricción por insolvencias ideológicas. Echa nafta al incendio que provoca. El incendio son los capitales especulativos, la nafta es la destrucción del aparato productivo y el endeudamiento. Al final del camino espera una crisis espectacular, la renegociación de la deuda o el default, y la reconstrucción cada vez a partir de un piso más bajo, de una situación más degradada y dependiente.

Conceptos básicos, economía de Perogrullo. El problema es que el gobierno propone como racionalidad que la tierra es plana y que la ley de la gravedad es populista y por lo tanto falsa.

Perogrullo sostenía obviedades. El gobierno es un Perogrullo de obviedades neoliberales. Falacias elevadas a su máxima expresión. Así como el sol no gira alrededor de la tierra, las sumas de catástrofes no construyen un éxito. Hasta Perogrullo debería saberlo.