Ariadna en el lecho de procusto Por Hugo Presman

Ariadna es famosa por su hilo. Procusto por su lecho. A la mitología griega la podemos traer a la Argentina de Macri. La misma situación que la Grecia actual sometida por el mismo Procusto que es el FMI y sus cómplices locales e internacionales.

El hilo de Ariadna es el símbolo para salir indemne de un laberinto. La historia cuenta que el Minotauro habitaba en un laberinto y exigía sacrificios de siete doncellas y siete jóvenes a ser devorados. Lo que sucede en la Argentina actual no es diferente en el concepto pero sí en lo que exige el monstruo: endeudamiento, apertura de la economía, desregularización financiera, caída del poder adquisitivo de sueldos y jubilaciones, tarifazos, con todo lo cual se induce a un industricidio, al cierre de miles de negocios, a la desocupación, al incremento de la pobreza y la indigencia, esto sólo como el prólogo de lo que el monstruo llama “reformas estructurales”, eufemismo que implica arrasamiento de derechos laborales, precarización del trabajo, deterioro interminable de las jubilaciones presentes y limitaciones crecientes para los futuros jubilados, privatizaciones y entrega de los recursos naturales.

A pesar de este escenario, el Minotauro tiene una cantidad significativa de adeptos.

Pero aquí es cuando irrumpe Teseo, el héroe de esta historia (en la mitología, no en la Argentina ni en la Grecia actual). Ariadna se enamora del muchacho y le entrega un arma para luchar contra el Minotauro y un hilo para que en caso de que triunfara, pudiera salir del laberinto. Si trasladamos la acción a nuestro país, la única forma de derrotar al Minotauro no será con la espada sino con la urna. Para ello hay que convencer y seducir, abriendo esperanzas y certezas sobre un futuro posible. El laberinto es la herencia que deja el Minotauro y el hilo de Ariadna debería ser el programa que aglutine fuerzas y nos permita salir de él. Aquí no hay un Teseo sino un héroe colectivo, la mayoría del pueblo, que debe corporizarse en las urnas.

Mientras tanto el Minotauro se transforma en Procusto, famoso por su lecho. Tenía su casa en las colinas, la que ofrecía al viajero solitario. Allí lo invitaba a acostarse en una cama de hierro a la que amordazaba y ataba a las cuatro esquinas, mientras el visitante dormía. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serruchar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. Nunca coincidía con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una muy larga y otra demasiado corta.

Cuando Macri nos dice que “es por aquí”, que es el único camino, actúa como Procusto. Coloca a la Argentina en un lecho, comprado incluso con el endeudamiento al Fondo, y corta la cabeza o las piernas, que es la imagen de la herencia que queda: un país sin piernas y manos, imposibilitado de caminar, disminuido para trabajar o directamente perdiendo la cabeza, convirtiendo una nación en colonia.

Es Teseo el que termina con Procusto a través de un ardid. Aquí sólo la mayoría del pueblo puede terminar con esta pesadilla. Sólo los cómplices que juegan el papel de ingenuos pueden pedirle al Minotauro que deje de pedir sacrificios para saciar su infinito hambre de riqueza, o a Procusto que deje de arrancar cabezas, brazos y piernas.

En el medio oficialista Clarín con la firma de Marcelo Bonelli se publicó el viernes 8 de febrero, un adelanto del futuro, con un plan económico que estarían redactando por personajes que intimidarían a todos los malvados de la mitología griega: “El equipo lo integran Miguel Ángel Broda, que lo presidiría, Ricardo López Murphy, José María Dagnino Pastore, Domingo Cavallo y Guillermo Calvo” Por si queda alguna duda Macri dijo: “Eso sí, el primer día del nuevo mandato, hago todo lo que tengo que hacer en economía”

Hoy es dudoso, neblinoso, que la “oposición-oposición” encuentre el hilo de Ariadna que permita salir del laberinto.

En la mitología griega, ambos casos tienen un final feliz. En la Argentina, nada está predeterminado y el futuro es impredecible. Lo que sí no quedan dudas es que si el Minotauro es finalmente reelegido, Procusto seguirá su tarea de amputación hasta cumplir todos sus objetivos. Pero si triunfa Teseo con el hilo de Ariadna en la mano y en la cabeza, la salida del laberinto es posible y la reconstrucción y su superación una utopía alcanzable