“Antorchas que llaman encendidas en destierros de marchas que deambulan”

Viene a cuento de marchas de antorchas fundacionales. Puebladas desvirtuadas. Aniquiladas. Convertidas en bien de uso practicado en el aprendimiento de visualizaciones que resisten ser parte de lo mismo que conforman.


Alcanza para el darse por enterado, con hacerse parte de un soneto propuesto en la profundidad de lo faltante. Y andar acompañando con la puesta en juego, de pedazos rotos que no están. Partidos en medio de la asimilación del resistir. La revelación de las carencias de hallazgos.

Objetivo funcional en la demostración explícita de las cosas que se rechazan.

Ser en la exhibición de todo lo que produce ‘malestar’ del propio no estar.

Meterse en el barro asusta. Hay otra Argentina que late, lejos de los cambios de gabinetes. De las cabinas perfumadas.

Las Desapariciones corporales dan paso al ‘ser’ ausente de protagonismos.

El principio de la misma dinámica de representaciones estigmatizadas por legados ejercidos con distanciamientos mecanizados, en un ocaso de horizontes reiterados hasta la pérdida de significaciones.

No se Evita la consecuencia desgarradora en la emulación de sacrilegios.

No hay santa embalsamada. Hay verdad vomitada en vida. Y eso molesta, inquieta. Ahuyenta.

“Sean Pueblo carajo” salió a decir en el amanecer entre las tinieblas de la última conmemoración de su paso a la eternidad, y alumbrar un sol de invierno.

“El frío de los corazones de los compañeros…”, es que lo despierta el miedo a la derrota. Por más que nunca sea definitiva.

Se habla con quehaceres insuficientes en determinación de rumbos que han sido apropiados. Y que apenas termina siendo la verbalización del asombro como nueva práctica banal de los desafíos.

Se tiene que dar cuenta de cierta interpretación, para no quedar enmarañado en el mismo proceder estancado. Y avergonzar así, con el acto que mimetiza el truco de hacer las articulaciones apropiadas.

Hay unos quienes que se dicen mandatarios de mandatos bajados de un Monte Sin-Ahí, sin aquí y a destiempo.

Trapos y banderas exhibiendo en con-signas con-ciliadas, con olor a incienso, que se salvan con presencias que se colocan donde habitualmente lo hacen para proteger el decoro. Dichos altisonantes y callares militantes.

Poco menos que nada, sino fuera porque se reitera la desazón, el hartazgo.

Y es justamente la repetición de las reiteraciones, lo que estimula el enojo para enfrentar incluso lo que se desconoce, aunque se sabe dónde te pone. Ahí en lo que no es tu estar. Naturalmente no sos parte. Y te corres. Salga lo que salga.

Un deambular en bordes carentes de las motivaciones de otrora.

Empantanados en tierras movedizas. Nada a mano de lo ofrecido con ofrendas en las que siempre el destino estaba jugado en cartas marcadas, en tableros de reglas ‘VAR’. Pre establecidas con demarcaciones de procederes normatizados en sistemas 4G/7K/MM.

Hay también mucho trabajo hecho en territorio.
Y ahí tiene raíz el aliento soberano de justicia social.

Los andares populares caminan por abismos. Allí apuntan quienes se han plantado en modo jerarquía, denostando todo manifiesto rizomático.

Es parte de lo que se debe reconocer, aunque no se acepte. Independiente de todos los ‘ismos’ que se agreguen a la definición.

Los compases a un lado o al otro del bailongo resuenan con ritmos de bombos o ruidos de tractores.

Beneficios y beneficiados. Caridad / Hospitalidad / Dar y recibir / Buen samaritano.

¿Para quienes son los anuncios de los planes de liquidación que se anuncian?

¿Quiénes son los dueños de las decisiones?

En la milonga; la necesidad y el derecho, bailan entrelazados en paso tanguero, sumando canto murguero contra la necedad y al clamor de la conquista.

La magnificación del mérito bonificado por el despotismo adueñado en la expropiación de un privado merecimiento por linaje, con valores ancestrales que siguen en discusión de pertenencias, precios y regalías.

Las antorchas marchan en ceremonias. Rituales que son transformaciones, por lo que no perece y se retroalimenta. De por sí. En la continua fecundación de la supervivencia.

Llamas, señales de humo, fogatas, incendios, quema de pastizales.

POR EDGARDO CHINI 

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