“No hay otro tiempo que el que nos tocó”, por Hugo Presman

La salutación del 31-12-2019, llevaba por título “Amanece que no es poco”. Encerraba la esperanza de un cambio en la situación económica y política del país, a partir de un panorama extremadamente complicado. La aparición del COVID 19 fue el cisne negro imposible de avizorar. A los que cargamos muchas décadas y suponíamos que ya habíamos vivido todo, nos recluyó en nuestros domicilios bajo la horrible calificación de “población de riesgo”. La pandemia sumió al planeta en una catástrofe económica y sanitaria. Sin exagerar, terminó en el 2020 efectivamente el siglo XX y comenzó el siglo XXI, con un presente de miedo y un horizonte de incertidumbre. La ciencia, que no es más que el saber humano milenario acumulado, nos ha traído la notable noticia, que en tiempo récord se han descubierto y fabricado vacunas que en el mediano plazo pondrá un límite fundamental al corona virus. Pero es de una ingenuidad notable dar por superado un problema de semejante envergadura.

Es altamente probable que deberemos atravesar una segunda ola sin haber concluido la primera. La desaprensión lleva a que en una carrera desenfrenada, la vacunación masiva de un 70% pierda ante la velocidad de una nueva ola de contagios, con las lamentables consecuencias sanitarias y económicas. Que esto no suceda depende mucho más de cada ciudadano que del milagro de la vacunación. Es el mejor homenaje que le podemos hacer a los más de cuarenta mil muertos, a los integrantes del sistema sanitario, a los científicos que en sus laboratorios acercan el horizonte, a todos los trabajadores esenciales que arriesgaron sus vidas.

Es el tiempo que nos tocó. No hay otro. Con números económicos furiosamente en rojo para los cuales no hay vacuna posible en el corto y mediano plazo. Y por encima de tantos males, siempre amanece que no es poco. El futuro mejor nunca desaparece. No lo regalan sino que se lo conquista. Con lucha, persistencia y tenacidad y siempre como integrante de un colectivo. La normalidad conocida no volverá igual. Pero algún día cercano regresarán los besos cercenados, los abrazos impedidos, los encuentros imposibilitados. Y más tarde que temprano los caídos de un sistema extremadamente injusto y desigual serán incluidos. Para eso no hay laboratorio ni vacuna, sino política. No será un regalo. Será obtenido con lucha.

Brindemos, porque ese futuro llegará, porque lo imposible solo tarda un poco más, más allá de los contratiempos e incertidumbres, de los tiempos difíciles que nos esperan.

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