«¿Hay más de un falso ingeniero?», por Hugo Presman

En octubre del 2014, en el Coloquio de IDEA número 50 celebrado en Mar del Plata, Daniel Sabsay, un constitucionalista que en algún momento Néstor Kirchner barajó para integrar lo que después fue la mejor composición de la Suprema Corte de Justicia en democracia, se dirigió con pasos firmes al estrado donde disertaría en un panel sobre “El valor de los derechos”. Comenzó en el tono bajo que lo caracteriza pero a medida que avanzaba el constitucionalista fue elevando su voz hasta convertirla en gritos destemplados. Una mezcla de excitación conformado por el aire marino, su condición eterna de viudo acomodaticio de la Constitución, pero sobre todo un odio a flor de piel lo fue conduciendo a un strees tease de un Sabsay oculto hasta ese momento. El periodista Juan Pablo de Santis del diario La Nación escribió el 24 de octubre del 2014: “El pulso político en el último día del Coloquio de IDEA tomó un voltaje nunca antes visto. El abogado constitucionalista Daniel Sabsay fue el protagonista de una intensa y sostenida diatriba contra el gobierno nacional y la presidenta Cristina Kirchner, en la cual hasta llegó a poner en duda que la mandataria sea abogada y hasta trató de traidor al canciller Héctor Timerman.”

Su punto más elevado lo alcanzó cuando embistió contra la Presidenta Cristina Fernández: «Ya no tengo ninguna duda de que no sabe nada de derecho. Qué muestre el título [de abogada], que no lo esconda más», disparó. Y si una vez no alcanzara lo repitió: «No creo que [Cristina Kirchner] sea abogada. ¡Qué muestre el título!». Y continúo entre el aplauso entusiasta y de pie de los empresarios presentes: «Basta de un matrimonio presidencial. Ahora nos quieren poner al hijo presidencial y no lo ponemos permitir….. No tengamos miedo en denunciar, quiero un país mejor para mis hijos».

Ya para entonces Sabsay se había convertido en uno de los voceros judiciales mediáticos del grupo Clarín. Muchos de los empresarios exaltados, es posible que sean los mismos que ahora en forma virtual denostaron hace unos días al Presidente Alberto Fernández y a su Ministro de Economía Martín Guzmán mientras no ahorraban elogios y aplausos para Martín Lacunza, Ministro de Economía de Mauricio Macri y a Martín Redrado, un economista del establishment.

Un hilo conductor asociaba a los aplaudidores del aplaudido. Ceguera profunda en los empresarios en que una mezcla de ideología y prejuicios los lleva a dispararse económica y políticamente en los pies y en el disertante, porque a esa altura ya se había demostrado que Cristina Fernández era abogada.

El rumor de no tener el título correspondiente circulaba desde el 2004. Fue entonces que, el rector de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Gustavo Adolfo Azpiazu, y el decano de la Facultad de Derecho de la UNLP, Hernán Gómez, emitieron un comunicado oficial donde señalaron que “según todas las constancias obrantes en esta casa de altos estudios, la señora Cristina Elisabet Fernández, se graduó en el mes de octubre de 1979, siéndole expedido el título de abogada el día 10 de diciembre de 1979”. Luego del pedido público de Sabsay, el vicerrector de la UNLP declaró que la Universidad ya había exhibido el título y el certificado ante la Justicia.

Periodistas críticos del kirchnerismo en distintos libros ratificaron la existencia del título y el haber cursado la carrera. El periodista Walter Curia, autor de “El último peronista” sobre Néstor Kirchner, señaló haber visto el certificado analítico en 2003, y Laura Di Marco, columnista del diario La Nación, que escribió “Cristina Fernández: la verdadera historia”, coincidió en que la Presidenta se recibió de abogada y que “figura su número de matrícula (Tomo II Folio 160) en el padrón de letrados” de la Provincia de Santa Cruz. El periodista Omar Lavieri, por su parte, publicó una copia del Acta 710, Folio 237, del libro de Actas de Registro de Títulos N°76 de la UNLP, que corresponde a la inscripción del título de abogada de Cristina Elizabet Fernández.


¿HAY MÁS DE UN FALSO INGENIERO?

Juan Carlos Blumberg fue el último falso ingeniero conocido, cuya credibilidad se derrumbó totalmente al conocerse la información que nunca había cursado la carrera. Mauricio Macri ha mentido desde muy pequeño y ha hecho una carrera empresarial y política basada en la falsedad. No es este el caso de haberse detectado mentiras aisladas y de alguna medida comprensibles en el ejercicio de escenarios difíciles y contradictorios. Aquí hubo un Everest de mentiras, sólidamente protegidas por un cerco mediático que le permitió exhibir un permanente traje de teflón. Su madre Alicia Blanco Villegas le decía a la Revista Noticias el 19-02-2019: “Por eso yo decía que él no podía llegar a ser Presidente. Era una de las cosas que más le reprochaba. Le he llegado a pegar por mentir, cosa que me arrepiento, pero no se debía mentir, jamás». Está claro el absoluto fracaso de Alicia, porque su hijo terminó siendo un profesional consumado en no decir la verdad.

En ese sentido, lo que aún permanece intacto es su título de ingeniero. De su existencia hay testimonios valederos que el mismo existe. Parece llamativo que ningún Sabsay se haya preguntado, más allá del título, si el ingeniero Macri cursó la carrera de Ingeniería.

Mientras abundan los amigos condiscípulos del colegio secundario Cardenal Newman, que llegaron a ser funcionarios de su gobierno, no se conocen compañeros de la Universidad Católica que atestigüen que cursaron alguna materia con el ex Presidente. El rumor que ha circulado persistentemente es que jugosas donaciones de Franco Macri a la Universidad Católica, le permitieron acceder a su hijo a un título sin cursar la carrera, que al forjador de la fortuna le hubiera gustado tener. La contraprestación o mejor dicho compromiso sería que nunca ejerciera la profesión de ingeniero.

Pero seguramente debe ser una fake news. Lo que no ayuda a suponer que cursó aulas universitarias es su impermeabilización a todo rasgo cultural, su enorme precariedad expresiva, su ignorancia de todo conocimiento histórico, sus dificultades con el castellano. En uno de los últimos reportajes con periodistas amigos suyos como Pablo Sirven, consumó esta proeza verbal: “No logramos lograr ese logro”.

Supongamos por un momento que ni Cristina Fernández ni Mauricio Macri fueran profesionales universitarios. Y se los escuchara exponer: cualquiera puede advertir que es difícil pensar que Cristina no fuera abogada y presumible tener serias dudas que Mauricio sea ingeniero.

La familia Macri es muy particular. A Franco se le atribuye haber dicho que quería ser “el último mafioso de la familia”, que por eso sus hijos debían ser universitarios. Le hacía bullyng a su hijo que luego fue presidente. Los hijos le hicieron un juicio por insanía. A quince días de su muerte, el ex presidente declaró: “Es un delito lo que hizo mi padre, era parte de un sistema extorsivo del kirchnerismo”.

Mauricio Macri espió a su hermana, a sus cuñados, a familiares de las víctimas de la AMIA, del submarino Ara San Juan, entre otros, y hasta a sus colaboradores más estrechos.

Ahora el hermano menor, a quien los otros hermanos desplazaron en sus ingresos, en otro ejemplo de una familia ejemplar, le confesó al periodista Santiago O Donnell, durante 17 horas grabadas, de los fraudes, evasiones fiscales, empresas off-shore y vaciamientos familiares.

El libro titulado “HERMANO. La confesión de Mariano Macri, sobre la trama de poder, política, negocios y familia detrás de su hermano Mauricio” está próximo a aparecer. Tal vez se pueda saber finalmente si hay o no más que un falso ingeniero.

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